Direnik, ez da sinetsi behar; ez direla, ez da esan behar (no se debe creer que las haya, (pero) no se debe decir que no las haya) se presenta como la continuación de Vestigios de una cultura contemporánea, un proyecto artístico que surge del estudio y la investigación de la relación de la sociedad y la tecnología. El desarrollo de los nuevos medios de la información y la comunicación junto al incesante progreso tecnológico han creado un estado de efervescente del conocimiento que es la principal razón de una constante necesidad de progreso social. Esta relación se acaba definiendo en una necesidad, un estado de disolución del presente donde lo de hoy ya es viejo y lo de ayer es historia.
Procesualmente el proyecto se desarrolla a partir de la deslocalización de las tecnologías de fabricación digital a partir de su disolución mediante materiales más tradicionales como la cera, la madera, el bronce o la cerámica. De este proceso aflora un grupo de obras que remite a lo antropológico o lo arqueológico que funcionan como un “Fake”museográfico. Este “fake” nunca es un fín en si mismo, si no un instrumento . No se trata en tirar de la ficción para alcanzar un beneficio con aquello “real” que hay detrás sino de desvelar como opera esa ficción y que conexiones se pretenden el conectarla con las realidades invisibilizadas.
Es en este punto donde reside el imaginario que define este grupo de piezas, el cual se va construyendo a partir de diferentes referencias relacionadas con la historia o la memoria. De tal forma, las conductas sociales contemporáneas con un fuerte fundamento ideológico (saber que) y tecnológico (saber como) que caracterizan el presente se van diluyendo en la indefinición a través de cierta maestría técnica y estética, invitándonos a seguir interrogándonos y reflexionar sobre la esencia última de las cosas.
El título de esta nueva fase hace referencia a un proverbio vasco que se utilizaba antiguamente para hablar sobre la existencia de las brujas (sorgiñak). Así, esta nueva vía creativa se centra en el desarrollo de un grupo de obras ligadas a la antropología social y cultural, más concretamente a los campos de la brujería, el mito y el pensamiento mágico. Se trata de un proceso de disolución de lo tecnológico en ese carácter oculto del campo, creando un nexo entre la técnica más actual y un mundo primitivo y subterráneo muy ligado a la mentalidad mágica, enraizada en unas determinadas manifestaciones culturales que pueden permanecer más o menos soterradas o latentes.
El proceso creativo tiene al símbolo como elemento central. Estos símbolos surgen a partir de las geometrías que genera la aplicación Lightbeam, un programa que ejecuta un tracking a tiempo real de las cookies que nos espían cada vez que realizamos una búsqueda en Internet. Estas formas, parecidas a las constelaciones, son la base para la creación de un conjunto de obras que hacen referencia a prácticas ancestrales como rituales, conjuros o invocaciones a partir de diferentes objetos e instalaciones.