BAU [cas]

Este proyecto pretende dar continuidad a una de las líneas de trabajo desarrolladas en la residencia artística de La Casa Velazquez de Madrid en 2018. Inspirado en el Laboratorio Experimental de Jorge Oteiza, La obra se materializa en un desarrollo escultórico a partir de procesos de fabricación digital donde la escultura deja de ser un objeto estático para convertirse en un sistema de transmisión y diálogo estético. Su existencia no se define por un resultado final, sino por la acumulación de sus variaciones, cada una proponiendo una nueva interpretación del concepto original. La serialidad, entendida no como simple repetición, sino como la posibilidad de mutaciones y divergencias dentro de un sistema, se convierte en el eje central de esta práctica. Cada escultura no es una forma definitiva, sino un nodo dentro de una red de posibilidades interconectadas, un punto dentro de una secuencia infinita de transformaciones. 

Este enfoque resuena con la noción de serialidad en el arte computacional, donde cada nueva estructura es simultáneamente un resultado y un punto de partida para nuevas exploraciones. En la escultura digital, la forma se somete a reglas algorítmicas que permiten su expansión en múltiples direcciones, abriendo un campo en el que cada variante es a la vez una respuesta y una pregunta dentro del proceso. La tecnología no actúa aquí como un simple medio de producción, sino como un entorno de experimentación, un laboratorio en el que la materia se reconfigura continuamente. 

De esta forma se aborda el arte como un lenguaje experimental, en el que la repetición y la variación no son sólo procedimientos técnicos, sino formas de interrogar la realidad. Al repetir y transformar un mismo punto de origen, la obra cuestiona la noción de identidad en la forma y la escultura deja de ser un objeto cerrado para convertirse en un proceso abierto. En este sentido, cada nueva iteración no es una simple reproducción, sino una exploración de los límites de la forma y su relación con el espacio. Esta lógica conecta con la noción de realidades paralelas, donde cada escultura representa una posibilidad latente dentro de un sistema dinámico en constante expansión. Así, la obra no se concibe como una entidad fija, sino como un universo en transformación, un espacio en el que lo finito y lo infinito conviven en tensión.