Dentro del modelo de realidad occidentales las cosas se definen partiendo de sus opuestos, herencia que en gran medida se debe al dualismo cartesiano y al complemento dialéctico aportado por Hegel. Un buen ejemplo de ello se encuentra en la relación entre la tecnología y la magia, dos pulsos fundamentales en el desarrollo de la humanidad. A pesar de lo que nuestro mapa cultural nos sugiere, lo cierto es que la naturaleza de la magia y la tecnología mantienen una sorprendente relación identitaria.

Las normas sociales que la antigüedad genero se perdieron cuando la sociedad domino la ciencia, dando paso a los valores objetivos que dieron paso a la modernidad. En tiempos antiguos se concebía al ser como producto de reflexiones teológicas, donde la metafísica (parte de la filosofía que trata el ser) era la creadora de conocimientos que el sujeto interiorizaba y consideraba verdaderos. La apertura hacia pensamientos ateos dan paso a que la modernidad explicara desde otro punto de vista el concepto de la realidad y a la vez para que la sociedad diera un giro tanto en pensamiento como en la praxis (filosofía más halla de la pura especulación) de este. La modernidad estuvo caracterizada por la revolución industrial que a su vez dejo muchos adelantos científicos que en momentos anteriores no se hubieran creado por los limites que la iglesia inquisitoria marcaba. El modernismo trajo consigo el limite del conocimiento. La vía de acceso al conocimiento sobre la vida ya no bastaba con el ser y el sujeto. El lenguaje como estructura viene a representar la transición del modernismo al postmodernismo, siendo el lenguaje el mediador para comprender el conocimiento.
En la era actual, con las nuevas tecnologías digitales, el lenguaje a dejado de ser un mediador de información para pasar a ser un facilitador de una información que inmediatamente queda comprendida, siendo tanto el proceso como la estructura del lenguaje no solo desconocidos, sino insignificantes para la gran parte de la sociedad. Asimilamos la información sin entender el lenguaje y el medio, llegando al conocimiento sin entender el camino y la estructura del objeto. Esto supone un vuelta atrás, pues en esta época, muy similar al romanticismo, las respuestas a incógnitas que no son plausibles se reducen a magia. Se percibe el objeto sabiendo que esta y sin embargo, acostumbrados a los adelantos tecnológicos pasamos por alto el salto cualitativo que el objeto tuvo que dar para transformarse en lo que es. La falta de conciencia tecnológica, entendida como el conocimiento responsable y personal de una cosa determinada, es el resultado de un alto grado de asimilamiento y creencia en lo tecnológico, hasta tal punto que aquello tan cotidiano que no comprendemos ha dejado de suscitar reflexión. Mayoritariamente nos hemos convertido tanto científicamente como tecnológicamente pasivos. La ciencia y la tecnología se han transformado en actos mágicos, pero no los interiorizamos como tal, han dejado de ser extraordinarios.
El proyecto Crisalidas se hace eco de esta relación identitaria entre la tecnología y la magia, subrayando y exteriorizando mediante un proceso que aúna la escultura tradicional y la realidad aumentada este vinculo contemporáneo resultado de esta falta de conciencia tecno-científica. En estas obras, las versiones digitales de objetos o animales naturales son presentados mediante la realidad aumentada mientras que junto a ellas se presentan físicamente los restos de un caparazón cerámico resultado de un proceso de fundición escultórica tradicional del mismo objeto. Estos dos vertientes, que se solapan en las dos diferentes realidades, representan un proceso de transformación del objeto, de lo físico a lo virtual, mas cercano a un procedimiento mágico-chamánico que a uno tecno-científico.
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