BAU

El declive del decurso de la historia obrera y el descubrimiento de las limitaciones del esfuerzo dedicado solamente a, por y para el beneficio particular que se están vislumbrando en la era postcapitalista favorece el advenimiento de una sociedad mutilada de manos hacedoras/productivas que avanza a favor de un provenir tecnológico que nos liberará, de una vez por todas, de la tan fatídica tarea asalariada y ampliará, al fin, nuestras libertades. Eso es; no más que referentes simbólicos de nuestra apariencia que se utilizarán a modo de cimientos para construir otra identidad que se adapte a los paradigmas de una nueva etapa histórica caracterizada por una brutal transformación tecno-económica.

Aunque los avances técnicos, la 4.0 y las lógicas del postmercado nos hayan cercenado las manos que dibujan y moldean, hemos conservado paradójicamente los dedos que a golpe de click crean nuevas realidades bien parecidas, por cierto, a las que se habían construido no hace tanto tiempo atrás. En este caso la metáfora arquitectónica del movimiento moderno, en sus paramentos tanto sociales como estéticos, se hace evidente. La Bauhaus es el gran símbolo matizado, como estuvo siempre, -ahora más que matizado quizá reivindicado- por los filtros del positivismo filosófico con ilusiones de progreso y desarrollo comunitario -grandes tópicos culturales del siglo XIX-, y la idea nihilista que niega sistemáticamente el fin de la historia y exige un nuevo comienzo desde los escombros de una sociedad caduca a partir de la transmutación de valores. No se trata de ninguna de las maneras de volver una y otra vez a humanizar la técnica, de hecho hay un intento en este proyecto de salir del bucle humano-máquina-humano-máquina… (∞) justamente para construir la fusión inminente y comenzar desde aquí a diseñar nuevas derivas.