Hacia una nueva ecúmene

La ecúmene (del griego οἰκουμένη,oikouménē, «[tierra] habitada») es el conjunto del mundo conocido por una cultura. Generalmente se distingue como aquella porción de la Tierra permanentemente habitada, en contraposición al anecúmene o áreas deshabitadas o temporalmente ocupadas. Durante el período helenístico, ecúmene hacía referencia a la parte de la Tierra que estaba habitada, ya fuera por toda la humanidad o sólo por un subconjunto de ésta. Con frecuencia se refería a las tierras habitadas por los griegos, excluyendo aquéllas que estaban ocupadas por los bárbaros. En la koiné del Imperio romano y el Nuevo Testamento, ecúmene significa literalmente mundo; sin embargo, por lo general se entendía que hacía referencia al mundo romano.

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Esta claro que con la implantación de la Web las cuestiones de “hábitat” se han expandido hacia el medio digital, creando a partir de la expansión del territorio “habitable” una controversia sobre las características del navegante en la red. Hasta hoy en día se había entendido la web como una anecúmene, es decir, un entorno ocupado temporalmente, pero el psicólogo alemán Peter Kruse nos presenta una nueva visión sobre la Red y sus moradores. Kruse, que desde hace años investiga las repercusiones sociales de la nueva Web 2.0, asegura que en la sociedad digital nacida al calor de Internet se está produciendo una escisión. La red es un territorio habitado por dos grupos de personas completamente diferentes: los visitantes digitales y los residentes digitales. Mientras los primeros recurren a los medios tecnológicos de manera ocasional, los residentes tecnológicos que se comunican a través de twitter y whatsApp y se mantienen informados mediante apps nunca abandonan el mundo digital, habitándolo de manera constante. Así, mientras los visitantes son aún capaces de distinguir el mundo “real” del digital, los residentes no distinguen ya la frontera que separa ambos mundos.

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Este proyecto aborda estas nuevas cuestiones de hábitat a través de la investigación artística, en este caso en la zona fronteriza entre el arte, la ciencia y la tecnología. El proceso surge de la interpretación y el análisis del código fuente de las páginas web (son las ordenes que siguen nuestros ordenadores cada vez navegamos por una página web), utilizando este código como una onda refleja o eco proveniente de un objeto o espacio físico, un proceso que se asemeja a la técnica de navegación del SONAR. Para ello, con la ayuda del ingeniero informático Marcos Bernabé he desarrollado un software de análisis que interpreta cada una de las lineas de código, creando mapas de desplazamiento a partir de las páginas web. Estos mapas son volcados sobre superficies en 3D dando forma a la red y creando modelos geo-morfológicos que posteriormente se desarrollan utilizando diferentes técnicas de fabricación digital como las impresoras 3D o fresadoras CNC (en su vertiente escultórica) o en el desarrollo de entornos de Realidad Virtual (Unity3D). De esta manera se reflexiona sobre los procesos materializadores y los nuevos lugares a los que dan lugar: entornos naturados o simplemente artificiales capaces de crear sensaciones. En pocas palabras, se trata de un proceso que da forma física al “nuevo territorio habitado”, subrayando el solapamiento que existe ya entre el habitante físico y el habitante virtual.

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