Este proyecto hace un guiño al “hacktivismo artístico” de los finales de los 90 y principios de los 2000, donde artistas y colectivos como 0100101110101101.ORG, Cornelia Sollfrank o el propio Daniel Garcia Andujar fusionaron el arte digital, el hacking y el activismo político para denunciar estructuras de poder o la comercialización de la red y los derechos humanos. Este movimiento se basó en herramientas técnicas de forma no violenta (parodias web, sabotaje o manipulación de datos) para crear intervenciones sociales disidentes.
Este proyecto traslada este tipo de intervención al ámbito físico y material simulando un ataque a una página web mediante la descomposición de su código informático para devolverlo al campo de la experiencia poética y el tacto humano. El proyecto nos remite a una crítica del lenguaje digital y su tendencia a la homogeneización, recordándonos que la tecnología no es neutral y que, al moldear el lenguaje, moldea también nuestra forma de entender el mundo. Se trata de un lenguaje diseñado para la eficiencia y la precisión; su propósito no es interpretar ni provocar, sino simplemente transmitir instrucciones de forma clara e inequívoca. Sin embargo, esta claridad es también una limitación. Al compararlo con el lenguaje poético, el proyecto muestra cómo los sistemas digitales tienden a reducir las expresiones a un solo significado o a una interpretación limitada, eliminando la ambigüedad y la polifonía que son esenciales en los lenguajes analógicos y artísticos.
El uso del código fuente como material artístico desafía esta tendencia al recordar que el lenguaje puede ser mucho más que una herramienta de comunicación funcional. La intervención manual sobre el código —ese acto de cortarlo y recomponerlo— recupera el gesto artesanal y humano, dotando al lenguaje de una dimensión táctil y material. Este acto, que desacelera el proceso digital y lo lleva a un terreno físico, se opone a la inmediatez y estandarización del mundo digital, promoviendo en cambio una forma de comunicación abierta, interpretativa y subjetiva. Al resignificar el código como poema, la obra nos recuerda la necesidad de pluralizar nuestras formas de comunicación en la era digital. En el caso concreto del proyecto que presento a esta convocatoria se plantea trabajar sobre el código de la propia Institución (https://bilbaoarte.eus/), el cual de-construiré junto a poetas contemporáneos como Harkaitz Cano o el Colectivo Mejillón Tigre (compuesto por Eider Adeletxe y Ane Zubeldia). Una vez creados los poemas, este colectivo dará un recital de poesía en formato Spoken Word basado en las poesías extraídas del código, el cual se grabará en formato audiovisual.









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