En febrero de 2014, se difundió una noticia que afirmaba que el gobierno chino había comenzado a retransmitir el amanecer en pantallas gigantes debido a la contaminación en Pekín. Sin embargo, esta noticia era parcialmente incorrecta. No fue el gobierno chino, sino una organización ambiental, la que instaló estas pantallas para proyectar el amanecer, un vestigio de un mundo en el que este fenómeno natural ocurría de manera constante y visible para todos, sin intervención humana. La grave contaminación, causada por la tecnología y la agresiva producción, ha transformado este fenómeno natural en un hecho meramente tecnológico que deja entrever la divergencia que nace alrededor de la tecnología: mientras forma parte de la paulatina destrucción de nuestro mundo, se nos presenta como un elemento esencial para su conservación.
En el contexto del mercado capitalista, la tecnología ha reducido, e incluso suprimido, los acontecimientos naturales y el ritmo de las estaciones. Aunque es esencial para mantener las condiciones materiales de vida, la tecnología, dentro del marco del consumismo, no puede imponer su propia voluntad sin afectar la autonomía del mundo. Este “amanecer” en Pekín ya no responde a leyes naturales. Puede amanecer varias veces durante un mismo día o no amanecer. Este nuevo albor no solo tiene una morfología totalmente diferente sino que responde a un nuevo contexto socio-cultural, político y económico que modifica completamente nuestra experiencia y se integra de forma muy diferente en nuestro entorno.
La velocidad de escape es un concepto perteneciente al campo de la física y se define como “la velocidad que hay que imprimirle a un objeto cualquiera para alejarse indefinidamente de un cuerpo o sistema más masivo al cual le vincula únicamente la gravedad”. En otras palabras, en el campo aeroespacial es la velocidad que debe alcanzar una nave para poder salir de la órbita terrestre. Se trata de un concepto que podríamos extrapolar a la instalación del 2014 en relación a nuestra experiencia con el mundo. Hablamos de la inercia que hemos tomado como sociedad y que nos desplaza y aleja paulatinamente de nuestro entorno hasta tal punto que podríamos estar dejándolo atrás.
La tecnología ha tenido un papel relevante en el desarrollo de esta “aceleración social” donde conceptos como “amanecer” se nos presentan totalmente desvirtuados, como un mero residuo del pasado fuera de toda experiencia humana directa. Es justamente en este punto donde se posiciona este proyecto artístico, desarrollando un proceso donde la naturaleza se nos presenta en el siguiente plano, planteándonos diferentes preguntas. ¿Cuál es la inercia que tenemos como sociedad y cómo afecta esto a la relación que tenemos con nuestro entorno? ¿Aceptamos estas experiencias como naturaleza?