Vestigios de una cultura contemporánea es un proyecto artístico que surge del estudio y la investigación de la relación de la sociedad y la tecnología. El desarrollo de los nuevos medios de la información y la comunicación junto al incesante progreso tecnológico han creado un estado efervescente del conocimiento que son las principales razones de una constante necesidad de progreso social. Esta relación se acaba definiendo en una necesidad, un estado de ansiedad social donde lo de hoy ya es viejo y lo de ayer ya es historia.

Internet y lo digital, en el más amplio de su sentido, han supuesto un incendio tal que todo lo han convertido, y todo lo convierte ipso facto, en un “esto ha sido” pero sin acontecimiento histórico y sin, ni siquiera, probabilidad alguna de actualidad. Y es que toda esquirla de actualidad es ahora antigua. La red de redes, que todo lo atrapa y todo lo contiene, es una enorme necrópolis que alberga un presente que ha nacido muerto y por lo tanto ya pasado, es decir, un cementerio del post-posmodernismo que se explora aquí como si se si tratase de una tierra rica en residuos, a modo de inmenso yacimiento funcional donde indagar sobre las cenizas que somos. Aún así, sin apenas semblanza, resulta interesante aproximarse a su superficie desde un punto de vista historicista no para “resolver” nuestro pasado (de esto se ocupan otras disciplinas con más o menos acierto, no el arte) sino para acariciar, al menos de una forma remota, nuestro presente; un presente ya obsoleto y, justo por eso, objeto de una profundísima nostalgia. No tiene que ver esta nostalgia con la añoranza de un tiempo tan lejano que a duras penas se manifieste, ni de reivindicar ni de criticar ninguna de las políticas de la memoria que se tienden a desarrollar, hace ya tiempo, desde las instituciones públicas. Es, por el contrario, un deseo de aproximación a, y de cuestionamiento del presente, que se halla en un inminente peligro de extinción, a partir de objetos/cosas ficticios extraídos de donde aparentemente no hay ada más que vagos conceptos.
Así, este proceso creativo surge desde este punto para desarrollar un pensamiento critico en la relación entre lo tecnológico y lo social a partir de un proyecto escultórico. Formalmente el proyecto se basa en el diseño y las características relacionadas con la cultura maker, una cultura incipiente relacionada con la democratización de las herramientas y procesos digitales, tanto en las características constructivas y de difusión, así como en las formas y estructuras geométricas creadas a partir de la relectura de la información relacionada con Internet. Procesualmente el proyecto se desarrolla a partir de la deslocalización de las tecnologías de fabricación digital a partir de su disolución mediante materiales más tradicionales como la cera, la madera, la lana, el bronce o la cerámica. Así, surge un grupo de obras que remiten a lo antropológico o lo arqueológico a partir de restos, símbolos y construcciones que funcionan como un “fake”. El “fake”, que en este caso refiere a la re-creación neutra, prescinde de la copia o la imitación al carecer de objeto/cosa al que copiar, para desvelar, desde una perspectiva actual, lo que deben ser los restos de algo que podría no tener pasado o esencialmente, la sensación emocional de una historia del presente o un pasado constante.

El núcleo del proyecto reside en ese imaginario que surge de este grupo de piezas y que se va construyendo tanto individual como colectivamente a partir de diferentes referencias cercanas a la antropología, la arqueología, la historia o la memoria. De tal forma, las conductas sociales contemporáneas con un fuerte fundamento ideológico (saber qué) y tecnológico (saber cómo) que caracteriza el presente se van diluyendo en la indefinición a través de cierta maestría técnica y estética, invitándonos a seguir interrogándonos y reflexionar sobre la esencia última de las cosas. Sean cuales sean las respuestas, se da una narrativa visual que remite a todo presente como pasado, enriqueciendo el imaginario icónico como un sustrato simbólico del conocimiento, aunque todavía no hayamos pasado de la mera especulación. Son piezas que se hacen memoria pero no despejan la duda sobre quienes son los verdaderos agentes de la historia o cuales son las características reales de esta historia. Y es esta duda, este grupo de preguntas sin respuestas, la que acaba por construir el contexto de la obra.

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